Motivación

Por qué el materialismo te quita la felicidad y te roba la vida.

Occupy conference Copenhagen 2013

Un viernes 30 de septiembre de 2016 cerraba una vez más mi diario con una gran decisión. Desde ese día dejé el mundo del consumismo y victimismo, gran equipaje que llevaba mucho tiempo pesándome demasiado.

En ese preciso instante, aún no era consciente de lo que estaba ocurriendo. Menos aún de lo que estaba por venir. Ni siquiera era plenamente consciente de por qué lo hacía.

Sólo me repetía a mí misma «qué fuerte, qué fuerte». Como una niña a la que le han chivado que le va a pedir bailar el chico que le gusta y, en esa espera eterna, siente cómo su cuerpo se inunda de nervios e incredulidad, a partes iguales.

Lo mismo. Aún conservo la foto del recuerdo.

A veces lo recuerdo y me hace volver a sentir esa emoción del que embarca en un avión que le lleva a un destino desconocido, lleno de posibilidades por explorar. Y vaya que si hemos explorado…

Ahora entiendo que ese 30 de enero quería lanzarme un mensaje muy claro a mí misma: me bajo de este carro, si este es vuestro plan ¡no contéis conmigo!

Me estaba bajando del paradigma actual que promueve un estilo de vida materialista. Estaba rechazando la propuesta de este mundo en el que la acumulación material se ha convertido en la puerta de entrada al respeto y al amor que todos anhelamos. Y que, en busca de ese amor y aceptación, MUCHOS nos llenamos de riquezas, coches rápidos y demás bártulos, que lejos de hacer que nos sintamos mejor, nos enferman.

Ese día decidí que ya no quería que la búsqueda obsesiva de dinero, estatus y riquezas fuesen los motores de mi vida. Ahora quería velar por mi bienestar, escucharme y ponerme en el centro de mi vida.

Bien

Ha llovido muuuucho desde aquello. Tanto, que a veces he intentado explicar con palabras lo que este viaje ha supuesto para mí pero, es TAN BESTIA todo lo vivido que, sencillamente no logro encontrar la manera.

Lo que sí quiero compartir hoy contigo es la venda que se me cayó de los ojos el otro día.

Y es que, paradójicamente, he pasado de un sistema guiado por el obsesivo e insostenible afán de crecimiento económico, para meterme en otro que está igualmente corrompido.

Me explico.

A nada que te fijes, es muy obvio que este mundo «slow», «consciente» o como quieras llamarlo, es la misma mona vestida de seda, que mona se queda.

Si sigues en redes a líderes, emprendedores e influencers de este mundillo, o si has comprado algún programa de «mujeres conscientes», no es difícil darse cuenta, a poco que observes, que su motor es esa misma codicia, esa misma búsqueda del reconocimiento, enriquecimiento económico y modelo de éxito que es el que nos dificulta a los seres humanos alcanzar la plenitud en el paradigma actual.

Resulta que este nuevo paradigma está adoptando las creencias y los valores promovidos por el estilo de vida materialista y deshumanizado imperante en la actualidad.

No quiero darte muchas pistas, pero si me sigues a mí, seguramente sigues a muchas otras personas que tratan estos temas, que son las que tengo en mente según te escribo estas palabras.

E insisto.

A poco que observes, te darás cuenta rápidamente que ya no basta con tener un negocio personal que te llene y te dé para vivir bien, MUY BIEN, haciendo algo que te gusta, algo que aporta a las personas y que hace de este mundo un lugar un poquito mejor.

No.

Ahora que sé cómo funciona la rueda de hacer dinero por mi cuenta, bajo el traje «slow» y «natural», te voy a vender cursos, ebooks, ropa, champús, el bundle, luego otro bundle, luego te hago la promo de la tienda de turno, del servicio de turno, luego te vendo otro ebook y así sigue girando la rueda.

La misma rueda de hámster de compra! compra! compra! en la que estábamos inmersas antes. Sólo que ahora bajo el lema «slow», «eco», «consciente»…

Y ojo, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Es más, te confieso algo. Yo también estaba ahí y por momentos me pierdo y vuelvo.

Porque al final, al igual que todos, lo hago lo mejor que sé y el problema es que cuando los referentes que tenemos son los que son, es difícil enterarse de qué va la película. Hasta que lo pillas. Y te das cuenta del percal. Y te preguntas:

¿qué hemos hecho construyendo un mundo en el que una vida ordinaria no es lo suficientemente buena?

Ya no basta con tener un trabajo normal, conducir un coche normal, tener una casa normal, hacer planes normales, alimentarte de comida normal y tener hijos normales.

No. Eso no es suficiente

Ahora necesitas ser extraordinaria. Convertirte en una gran Youtuber, influencer, tener miles de seguidores, y ser la mas aclamada en las redes sociales. En definitiva, convertirte en otra persona(que muchas veces no eres tú)

Este es el tipo de tortura que nos hemos impuesto a nosotras mismas. ¡Estamos locas! Esas personas, con suerte, representan el 1% de la población mundial. El resto, estamos destinadas a ser ordinarias y a llevar una vida ordinaria.

Y una vida ordinaria es una buena vida.

No nos torturemos. Pensar que la única manera de ser lo suficientemente buenas es ser extraordinarias, es veneno.La verdadera epidemia que estamos viviendo es de malestar mental, en gran parte debido a la expectativa de que nuestras vidas serán estelares, cuando en realidad es mucho más probable que sólo sean ordinarias.

No nos engañemos, es nuestra falta de aceptación de nosotras mismas la que nos ha hecho enfermar. Y el «nuevo paradigma», imperante en las redes, al que llegamos las que queremos bajarnos del carro del paradigma actual, no hace más que perpetuar esa misma idea, desde un enfoque diferente.

«Si tu quieres puedes», «porque cuidarse no significa renunciar a nada», «cómo llegar a todo», «cómo hacerte rico desde el sofá de casa en 30 días», «en momentos de bajón, recuérdate siempre: ¡YO PUEDO CON TODO!» y un largo etcétera.

Estos mantras no me los he inventado yo, he tardado menos de 5 minutos en encontrarlos todos. Esto es a lo que estamos expuestas a diario. Y aún nos preguntamos qué está fallando.

En 2016 el suicidio fue la segunda causa principal de defunción en el grupo de 15 a 29 años en todo el mundo. Olvídate de cánceres y covides. El peligro ahora es el suicidio del que nadie habla. El peligro es que nos sintamos tan inadecuadas en relación a las expectativas puestas en nosotras que podamos decidir acabar con nuestras propias vidas.

Así que, a título personal, no necesito más recordatorios de que si yo quiero puedo. Que todas podemos ser ganadoras y extraordinarias. Ese ha sido el mensaje que hemos tenido hasta ahora y nos está enfermando. Lo que necesito escuchar es otro mensaje. Sobretodo VER otro mensaje. Porque me gustan las personas que dicen lo que piensan pero me gustan mucho más las personas que hacen lo que dicen.

Decir y hacer. Lo mismo.

Así que tengo un nuevo mensaje que darte. El que llevo repitiéndome a mí misma estas últimas semanas que me has visto menos por redes, pero en las que he estado disfrutando mucho más de mi vida ordinaria.

Y ese mensaje es que todo está bien. Tú estás bien como estás. Está bien que falles. Está bien lanzar una empresa en abril y cerrarla en junio. Está bien no llegar a todo. Está bien estar tres semanas sin dar señales de vida por Instagram, el mundo sigue girando y nadie se muere. Está bien tardar años en construir algo de calidad, que merezca la pena. Está bien tardar 9 meses en crear y lanzar un curso cuando el resto tardan 1 mes. Está bien sentirse perdida. Está bien ser mala en algo. Está bien fallarle a alguien. Está bien ser ordinaria.

No necesito más personas que me digan «confórmate con menos y disfrútalo más» cuando me están metiendo con calzador de compararme con quien ha podido hacerlo mejor.

No necesito más personas perfectas que me recuerden «Qué bonita estás así. ​Cuando tratas de ser feliz y no perfecta.»

No necesito más personas que me hablen de soltar, de probar a vivir sin aquello que creo imprescindible, cuando ellas son incapaces de soltar los likes y la aprobación externa. Hay muchas cosas que ya no necesito.

Y como dice Marea acertadamente en su canción «Y entre más pasan los años, Más me aparto del rebaño, Porque no sé adonde va»

Una vez más, me bajo de este carro. Si este es el plan ¡no cuentes conmigo!

Porque déjame contarte un secreto. Sé que va a sonar a topicazo, pero suena tan a topicazo como cierto es.

La felicidad no va a ser ganar un millón de euros ni tener un millón de seguidores. La felicidad va a ser un café con un amigo. Que te pongan un proyectazo cargado de pasta encima de la mesa y decir que no porque te va a consumir un montón de tiempo, realmente no necesitas el dinero, y prefieres pasar más tardes en la playa con unas amigas. La felicidad va a ser una comida que te salga bien, una tortilla que no se te queme.

Hay meses que la felicidad va a ser poder comer aguacates casi todos los días. La felicidad será un día en el que no muera nadie querido. En el que no haya habido ninguna crisis. Un día que haya estado más o menos bien. La felicidad nunca va a ser la perfección.

Ya sabes. Esa es la vida que vamos a llevar la mayoría así que permítete que eso esté bien.

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